Alcorcón
ha declarado la guerra a los chicos del spray. La suciedad urbana, es
decir grafitis, pintadas y pegatinas, ha campado a sus anchas en este
municipio madrileño conocido, por muchos, como la ciudad de los
100.000 grafitis. Gracias al Plan de Limpieza de Pintadas puesto en
marcha por el actual equipo municipal del PP, desde el pasado verano ya
se han eliminado más de 25.000 de estos «motivos
decorativos», lo que equivale a cerca de 49.000 metros cuadrados
de superficie.
Los números cantan. Desde enero a octubre de este año, la
Policía Municipal ha impuesto 52 multas, aunque en este apartado
conviene hacer alguna matización. En los siete meses que van de
enero a junio de 2011 —epoca todavía dirigida por el
anterior alcalde, Enrique Cascallana (PSOE)—, cayeron 14
infracciones. Sin embargo, sólo en los cuatro meses que
discurren entre julio y octubre —periodo gobernado por el alcalde
David Pérez, del PP—, se han puesto 38 multas.
Ya
se han tramitado 17: tres llevan sanciones de 1.800 euros, cuatro de
1.500 y diez de 1.000 euros cada una. El total aproximado en sanciones
(desde el mes de julio) se acerca a los 20.000 euros.
La primera gran multa fue de 1.000 euros por una única pintada
durante la madrugada del 2 de julio, en la calle Polvoranca. Ya hay
otras tres más iguales —es decir, de 1.000 euros—
por una sola pintada de gran tamaño: una realizada por una
persona el 5 de agosto y otras dos el 15 de septiembre, por individuos
distintos. El resto de las multas es por reiteración.
La cuantía se decide según el tamaño, el
número de grafitis y el lugar donde se realizan. «No es lo mismo ensuciar un monumento o el interior de un puente», explican desde el Ayuntamiento.
La
normativa que se aplica es la Ley 3/2007, de 26 de julio, de Medidas
Urgentes de Modernización del Gobierno y la
Administración de la Comunidad de Madrid en su capítulo
sobre limpieza y calidad de vida en las ciudades. La sanción
puede ir de 300 a 3.000 euros, dependiendo de las circunstancias del
«momento spray» y, también, de las
características de la pintada o el grafiti.
«Pintarrajear una ciudad, no
es arte; es vandalismo. La gente tiene derecho a verla limpia. El que
quiera ensuciar que lo haga en el salón de su casa, si le dejan», ha señalado el alcalde, David Pérez.
«Vamos
a erradicar este tipo de suciedad y espero —añade—
que tomen nota los desaprensivos. Hay edificios que llevan años
sin limpiar. Es vergonzoso. El censo de grafiteros no es muy grande.
Unos son de Alcorcón. Otros vienen de fuera. Y a todos les
decimos que cambien de “hobby” porque aquí se les
caerá el pelo». Pérez recuerda que no
sólo se trata de una multa al grafitero, sino de que que muchos
de ellos son menores y la responsabilidad cae sobre la familia. Y es
más, dicha familia puede no tener recursos y declararse
insolvente.
La insolvencia de los padres se usa frecuentemente. El Ayuntamiento lo
sabe y mira con lupa todas las sanciones. En última instancia,
siempre existe el recurso de que el menor realice trabajos en beneficio
de la comunidad. Como, por ejemplo, limpiar grafitis. Los suyos y los
ajenos.
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